La Deserción Escolar

Por: Luz María Gómez

Hay temas que parecen no querer irse de la cabeza ¿Sabe alguien por qué?

El jueves 26 de enero nos reunimos para buscar explorar formas de aprendizaje alternativas a la escolaridad. Cuando salimos de la interesante reunión a la cual dio lugar el encuentro de la anárquica diversidad de pensamientos expresados de 15 maneras, no podía ser de otra forma, Erwin la coordinaba, surgió del profesor Osorno, como nos recuerda Julián en su excelente resumen de la misma, “la preocupación de que quienes practican la educación sin escuela queden inmersos como una subcategoría del grupo de desertores, y la incomodidad con ese término tan despectivo como tal”. “En España, se usa otro término”,  continuó Julián, “fracaso escolar” dijo Zinnia. “Colombia es una sociedad muy militarizada, fue la conclusión de Julián”.

Tal vez no seamos muy conscientes de ello, pero la palabra tiene una manera de provocar pensamiento tras pensamiento que, tejidos con ellas y entre ellos, crean derivas creativas que pueden tercian el rumbo de los acontecimientos. ¡Ah! Poder que tienen las palabras y los pensamientos cuando se entretejen. Ahora que caigo en cuenta, es lo mismo que ocurre entre el universo femenino y masculino, pero no voy a cambiar de tema. Usar la palabra deserción implica que quien abandona la escuela ha incurrido en un acto deshonroso, como en el ejército, concluí yo. Tema picante para mi lengua. La noche, el frío, el tiempo y el afán por llegar a casa truncaron la conversa.

El tema no se fue a dormir ¿Qué había detrás de la similitud? Acaso se deserta de la escuela en los mismo términos del ejército? ¿Es merecedor quien lo hace, de la misma escala de valoración y castigo que le cabe al soldado cuando, sin permiso, abandona las filas? Preguntaba en mi correo si ¿El niño, la niña o los jóvenes que no quieren regresar a la escuela son “desertores” con la misma connotación que tiene el desertor del ejército y con el mismo castigo social, el deshonor, que esto representa? ¿No se  puede, ni se debe, escapar de la institución educativa a pesar de sentirse mal o en conflicto con ella?

¿Cuando el soldado abandona las filas, qué abandona, es lo mismo que abandona el escolar?

Nunca ha estado en un ejército, sin embargo, entiendo el porqué el desertor pierde el honor. Cuando el escuadrón, el colectivo como un todo, se crea es porque sabe que dos son más que uno, reconocen el valor de la sinergia, uno más uno pueden ser más que dos. ¿Si estoy sólo con mi fuerza, defender el territorio o aprovecharme de otro, es posible si mi fuerza es mínimo igual a la del otro que lo posee o quiere el mío? ¡Qué interesante! “fuerzas Armadas” fuerza. Wikipedia viene en mi ayuda, quien sino ella en esta época: “La fuerza es una magnitud física de carácter vectorial capaz de deformar los cuerpos (efecto estático), modificar su velocidad o vencer su inercia y ponerlos en movimiento si estaban inmóviles (efecto dinámico). En este sentido la fuerza puede definirse como toda acción o influencia capaz de modificar el estado de movimiento o de reposo de un cuerpo (imprimiéndole una aceleración que modifica el módulo o la dirección de su velocidad) o bien de deformarlo. Comúnmente nos referimos a la fuerza aplicada sobre un objeto sin tener en cuenta al otro objeto u objetos con los que está interactuando y que experimentarán, a su vez, otras fuerzas” ¡Ah carambas, qué coincidencia!

Retomando el asunto, mis pensamientos tienen la costumbre de abrirse en fractales inesperados. Quienes conforman un ejército saben que de su capacidad y disposición para hacer de las fuerzas individuales una fuerza colectiva, dependerá el logro de un propósito que todos consideran como común, ojalá la familia, la amistad, toda comunidad, aprendiera y aplicara esto de sus fuerzas militares. Otra vez, por otro camino ¿Se dan cuenta lo maravillosos que somos los seres humanos?

Los organismos no son sólo suma de individuos, son comunidades de individuos los cuales, para aumentar sus opciones de elección ante la incertidumbre, inteligencia, entregan algunos grados de libertad relativas a su individualidad, para aumentar en grados de libertad frente a la misma, una paradoja. El ejemplo más claro es, precisamente, el ejército, para el caso que nos interesa, defender el territorio o conquistar nuevos territorios está en función de conservar o aumentar  las opciones de vivir y realizar las necesidades de los individuos que viven en él, por eso surgen los ejércitos. La vida individual se pone en riesgo a cambio de proteger la supervivencia del colectivo. Cuando un soldado decide romper la unidad y deserta de sus filas, pone en peligro la supervivencia del todo y amenaza el logro del propósito colectivo. Grave consecuencia para sí mismo y para todos los demás, incluso el Estado del que hace parte.

Para evitar que elegir la deserción sea una opción fácil de ser tomada  crea una consecuencia más inmediata para el individuo: perder la vida o ser acusado de traidor y con ello perder todo honor y toda honra, el desprecio total del colectivo, si no fuera así, el miedo instintivo, codificado genéticamente, lo haría huir ante el riesgo de morir en la batalla, razón del honor de ser llamados héroes y, cómo no, sin embargo, ¿Es acaso ésta la misma situación de un escolar que abandona la escuela? ¿Hay un miedo en el escolar que debe ser controlado con el deshonor de ser llamado “desertor” con el cual se castiga al soldado?

Me surge  aquí una necesidad, entender las dos instituciones puestas en contraste ¿escuela y  ejército son la misma cosa?  ¿Si los niños, las niñas, los jóvenes, desertan de la escuela qué ponen en peligro? Su educación, dirán algunos y ¿Eso es asunto de vida o muerte para el colectivo o siquiera para sí mismos? Pareciera que si, por el valor que se le ha dado al término deserción ¿Pero es así? La pregunta me llevó a pensar en lo que pasa con quien no va a la escuela, generalmente, la gente del campo o quienes viven en condiciones de pobreza material, aclaro el término porque muchos de quienes no tienen dinero son infinitamente ricos, de hecho sólo lo barato se puede pagar con dinero; un campesino es más rico en saber sobre la tierra y cómo obtener alimentos y medicinas de ella que un citadino que sólo va al campo a echarse en una hamaca; un habitante de la calle sabe más de sus riesgos  y de cómo sobrevivir el clima que un niño siempre protegido por mamá y papá , sin embargo, la sociedad crea con ellos clases sociales de inferior categoría, los analfabetos, por ejemplo. En número les da valores menores, estrato 0, 1, 2, la escolaridad estratifica ¿Subvalora qué?

¿A qué se va a la escuela? a aprender, dirán muchos, ¿A  aprender qué? A leer y escribir, matemáticas, ciencias sociales, historia, ciencias naturales, geografía, religión entre otras opciones, a veces tan subestimadas como al escolar mismo, literatura, dibujo, manualidades, educación física, arte, cívica. ¿Es lo estudiado su territorio, los ríos que recorren su geografía, la historia de su pueblo, su barrio, su comunidad, la comprensión de las relaciones de suma y resta entre los que se van del pueblo y los que regresan y los factores que le indujeron a hacerlo, el saber que deja la interacción con las plantas y animales de su territorio? No quiero decir con eso que sólo debe aprenderse lo local, pero sí debería aprenderse lo global desde lo local para involucrar el ser que es cada escolar, ser que se construye en el territorio, por el territorio y aunque lo neguemos, para el territorio. Cuando lo aprendido hace referencia a otras historias, otras geografías, otras biologías, entre otras ías extrañas ¿Cómo es el CVY, cómo voy yo ahí? Soy un soldado dispuesto a dar mi vida infantil y juvenil por un propósito que no se me explica y, menos aún, se me hace sentir como propio?¿Es propio, es útil, para qué?

¿Es deshonra abandonar la escuela? ¿No se puede abandonar lo que no se comprende, lo que no se ama porque no se conoce y, menos aún, se reconoce?, más aún cuando el saber del territorio, la madre, el padre, los amigos, la calle, no es digno de confianza, porque sólo lo que se aprende en la escuela tiene valor? ¿Si hay amor por los padres, los amigos, el territorio, el barrio, la calle, por lo que con ellos se aprende, no habrá confusión y miedo en el espíritu suficiente para querer huir de una sistema que deslegitima ese saber y a los sujetos del mismo de principio a fin?

¿Habrá pensado la escuela que su manera de enseñar y los contenidos que impone a los escolares son una forma de quitar legitimidad, de reconocer lo que de genuino y legítimo tiene cada niño, cada niña, cada adolescente, cada amigo, cada mamá, cada papá, cada territorio, cada calle? ¿Será ese miedo que produce la pérdida de identidad lo que lo lleva a desertar? En el ejército la entrega de la identidad, que no la pérdida, es indispensable para mantener la unidad que da la fuerza militar, en la escuela ¿Cuál es el trato? ¿Qué gana el individuo a cambio de perder su legitimidad, entregar su identidad? ¿Es el propósito de la escuela el mismo del ejército, defender el territorio o apropiarse de otros? ¿Hay que entregar la vida en ello?

¿No será, por el contrario, que la escuela debería ayudar a descubrir, reconocer y reforzar eso que de único tiene cada individuo para que, además, de su fuerza ponga a disposición del colectivo, su inteligencia, encontrar la respuesta más oportuna, efectiva, útil y eficaz, exigida ante cada momento de incertidumbre y pueda, en consecuencia, conservar la vida con calidad, el mayor tiempo posible a prueba de las mismas? ¿Por qué no lo hace, por qué no se lo cuestiona? ¿Dónde está el bien común que debe hacer al escolar mantenerse en unidad con el todo social, territorial, humano, del que hace parte? ¿Será que lo enseñado puede lograr hacerlo sentir bien para ir con infinita alegría a aprenderlo, porque comprende que él es, de manera indiscutible, parte de un todo?

Y no crean que les tengo la respuesta.

5 comentarios en “La Deserción Escolar

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